Con solo dos meses de gobierno, se puede afirmar que el de Abelardo De
la Espriella dejará al país peor de lo que está y no lo encauzará por la senda
de un desarrollo que beneficie a la mayoría.
Aparte de dedicarse a echar culpas al gobierno anterior, de lo cual se
ocupan casi a diario en su gobierno, las directrices son claras: menos
programas sociales y más minería, junto a la ampliación de la frontera agrícola.
¿A quién beneficia todo esto? Al gran capital, a las grandes empresas, a
los más pudientes. Y al gobierno de Donald Trump.
Para financiarse, el gobierno está recurriendo a créditos cada vez más
caros. Hoy el servicio de la deuda se lleva uno de cada cuatro pesos que
ingresan al fisco y aunque son países diferentes, adobados por distintos
hechos, las violentas protestas en Francia tienen ese ingrediente que sirven de
ejemplo: insatisfacción por deficientes servicios públicos, disminuidos por la
atención a una deuda cada vez mayor y para invertir
más en lo social el gobierno francés debería acudir a más créditos, que hoy le
son onerosos, en una espiral de consecuencias catastróficas.
Así vamos en Colombia. De la Espriella no ha hecho sugerencia alguna de
que buscará industrializar, crear infraestructura que permita el intercambio
nacional a internacional y, como dice el escritor William Ospina, ocupar el
territorio con verdadera presencia, con servicios y no con bombardeos a todo lo
que se mueva. Y salvo el mensaje y las acciones para coartar libertades e
imponer una sola visión del mundo y de la realidad, nada hay nuevo sobre el sistema educativo, base también del verdadero progreso.
De empleo, en particular de los jóvenes, nada se ha esbozado tampoco y
esa es otra de las mechas que en cualquier momento pueden explotar la bomba de
las protestas sociales pidiendo atención.
Otro gran asunto que hará que el gobierno solo sea recordado por dejar
un país con menos recursos naturales y tan o más atrasado que como lo cogió, es
el de la minería y el crecimiento de la frontera agrícola sin direccionamiento
claro.
Desmonta las Appa, esas áreas de protección agrícola y elimina la
importancia de la consulta previa en las explotaciones. O sea, minería a lo que
dé el tajo. La ampliación de 1.5 millones de hectáreas para agricultura en la
Orinoquia no tiene perfil confiable y, lógico, no será trabajo de campesinos
(cuya palabra causa náuseas al ministro de Agricultura) sino de la gran
empresa, en parte extranjeros ávidos de llevar comida a sus países.
Colombia además se sumó al Escudo de las Américas, programa al que
pertenecen 17 países de Latinoamérica, iniciativa del gobierno Trump, cuyo primer objetivo es la seguridad y la lucha contra el narcotráfico, pero
que no se queda allí.
Como mostró un amplio informe de Mongabay, expertos expresaron que Trump
va por los minerales que considera críticos y necesarios para Estados Unidos,
como dijo en ese informe el economista ecuatoriano Alberto Acosta, ex
presidente de la Asamblea Constituyente en su país.
Recordemos que el secretario de Estado, Marco Rubio, visitó Colombia
y firmó un memorando con el gobierno, que no se ha querido revelar. Tras la
firma, el vicepresidente José Manuel Restrepo se paseó por las tierras del
Tolima y cual conquistador señaló el territorio que podría servir a esas
explotaciones. No solo la minería a gran escala deja un enorme daño ambiental y
social, sino que deja poco dinero: el grueso se lo llevan las empresas foráneas.
El presupuesto nacional aumentó billones para minería y e hizo un gran
recorte en programas sociales, como los 500 000 millones menos para el Sena, la
desfinanciación de programas para la paz y la distribución de tierras, la salud
y los recursos para los territorios.
Nada nuevo. Todo lo mismo de siempre, pero cada vez con menos recursos
en nuestra tierra y una mayor desigualdad. Dentro de cuatro años Colombia no
habrá visto ningún milagro, porque no es milagro que los mismos sigan
enriqueciéndose mientras los otros mismos empobreciéndose y el territorio deteriorándose.
Puede empequeñecer el Estado, despedir cientos de miles de funcionarios
-ya en camino- fusionar ministerios, pero esa no es la gran
transformación del país, porque, por el contrario, actúa contra ella.
Podrán continuar censurando, persiguiendo a las minorías, negando
derechos, pero eso tampoco llevará a Colombia por la senda del progreso para
todos, como tampoco lo harán las apariciones de De la Espriella a lo mero macho
de película barata insultando delincuentes y armado de pistola al cinto. Como
si no lleváramos 200 años de meros machos que nada bueno han dejado.
El futuro no es prometedor y la presión social continuará al alza.
Maullido: el gasto de dinero a dos manos en obras no prioritarias, le
pasará la cuenta a Medellín a partir del próximo año. Fico, otro que no supo
qué es gobernar para todos.

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